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lunes, 27 de marzo de 2017

Los Cerros de San Juan y sus vinos


Ya contamos la historia de Los Cerros de San Juan, la bodega mas antigua de Uruguay, enclavada en la confluencia de los ríos San Juan y de la Plata, a 30 km de ciudad de Colonia del Sacramento, patrimonio histórico de la humanidad, justo frente a Buenos Aires.

Entre 1860 y 1869 se construyó la bodega vieja, con anchos muros y estilo colonial típico de la región. La bodega de crianza se ubica socavada en medio del cerro, construida en dos plantas, en piedra y con muros de más de 60 cm. Se destaca su buen estado de conservación. 


Los vinos se conservan en más de 70 grandes toneles de 2.000 a 8.000 litros, grandes cantidades de barricas de roble y en paredes de botellas colocadas una a una.



La parte nueva de la bodega es de 1968. Posee doce tanques de concreto de 20 mil litros cada uno, elevando la capacidad total de elaboración de la bodega a 1 millón de litros.



La viña mas antigua tiene 123 años y es de Cabernet Sauvignon y Tannat (cepa que fue traída al Uruguay por el vasco francés Pascual Arriague).

Las viñas alcanzan las 45 hectáreas, siendo las principales cepas Cabernet Sauvignon (16 Ha), el Merlot (6.5 Ha) y Sauvignon Blanc y Tannat con 4 hectáreas cada una. El resto está repartido en parcelas pequeñas de 1 a 3 hectáreas de distintas cepas: Italia, Chardonnay, Gewustraminer, Riesling, Moscatel de Hamburgo, Pinot Noir y Tempranillo. 

La enóloga es Lucia Di Cenzo, (el día de nuestra visita estaba muy ocupada con la cosecha del Pinot Noir y no pudimos entrevistarla) y cuentan con el asesoramiento de Rodolfo Bártala. 

Hay guardado vino desde 1898, pero en condición bebible lo mas viejo es un Pinot Noir de 1986.



De la Colonia
Son blends y algún varietal. El nombre "de la Colonia" evoca la época en que fue establecida la bodega. Esta línea de vinos homenajea los primeros vinos producidos en el 1900, los cuales utilizaron las mismas cepas y cortes que hoy. Son vinos jóvenes.


San Juan Fiesta
Etiqueta lanzada hace años en homenaje al toro "Fiesta", un Hereford que fue galardonado en las exposiciones del Prado (Montevideo) y Palermo (Buenos Aires), en 1956.

Los Cerros de San Juan
Cuenta con monovarietales; Riesling, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Merlot , Cabernet Sauvignon y Tannat y se reconocen por los colores de sus etiquetas.


Cuna
Con una amplia gama de varietales, entre los tintos: Tannat, Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo y Pinot Noir y entre los blancos: Riesling, Gewustraminer, Savignon Blanc y Chardonnay.


Cuna de Piedra
Evoca las características del viñedo donde maduran las uvas -suelo pedregoso- y la bodega donde nace el vino que cuenta con condiciones ideales para la crianza de estos vinos.


Maderos
Llamada así en reconocimiento al aporte de la madera, a través de los toneles de roble europeo (los primeros llegaron desde de la Alemania natal de la Familia Lahusen, fundadora de la empresa) en los que la bodega atesora un millón de litros de capacidad, el mayor volumen de crianza en Uruguay. 


Familie Lahusen
La Familia fundadora tiene su linea de vinos  Adquirí dos de ellos: un correcto Pinot Noir -nada del otro mundo- y un Riesling que me gustó más: fresco, floral, de buen balance que disfruté admirando las Playas de La Mansa unos días después.



Mil botellas
Es el tope de gama, un blend que no tuve la oportunidad de degustar.


Además elaboran mas de 90 etiquetas personalizadas -por ejemplo la de los Hoteles Conrad (desde 1998) y Hotel Argentino (desde 1994), completando una extensísima oferta de vinos acorde con la larga tradición de esta mas que centenaria bodega.

jueves, 23 de marzo de 2017

La bodega mas antigua de Uruguay: Los Cerros de San Juan


A pocos kilómetros de la ciudad de Colonia y a tono con lo esperado de una ciudad que ofrece un testimonio bien conservado de la época de la colonia, puede visitarse la bodega mas antigua del Uruguay.

Marcelo Herou está a cargo de la recepción del turismo que visita la estancia y la bodega para conocer su historia y sus vinos, pero también para degustar comidas en la Casa de Piedra, lugar donde nos contó la historia de esta particular bodega llamada "Los Cerros de San Juan".



Fue fundada por la Compañía Rural Alemana, que desde 1854 se ubicaba en un gran estancia de 8.300 hectáreas en la cual explotaba ganado, lana, forestación y minería. En 1860 se lanzan a construir la bodega, demorando nueve años para ello. En 1876 comienzan a vender los vinos dentro de la misma colonia alemana, que contaba con 70 personas que habitaban dentro del predio de la estancia.

El fundador se llamó Cristian Lahusen, pero en 1902 se contrata al inglés Reginal Boot como administrador (que a la postre se casaría con la hija del dueño) y es éste quien logra sacar a flote el emprendimiento. Se funda la Cabaña (cría de ganado vacuno de categoría, ganadores de premios en exposiciones rurales), caballerizas y se consolida la formación de un pueblo entero dentro de la hacienda, contando con carpintería, herrería, tambo, almacén de ramos generales... en fin todo lo necesario para que las familias vivieran allí.

En 1912 suman otras 1.200 hectáreas en la zona y 500 más en Canelones, llegando a 10.000 hectáreas en total. Para 1920 trabajaban y vivían allí 1.100 personas. 

En 1942 recibe el nombre actual "Los Cerros de San Juan". Boot tuvo tres hijos: Arthur, Violeta y May. A su fallecimiento comienza el desmembramiento, primero queda el hijo varón a cargo, luego de peleas con sus hermanas asume el esposo de Violeta, Miguel Lacroze. May, que vivía en Inglaterra toma el control en 1977 y contrata a dos uruguayos como administradores quienes aprovechan la distancia y logran quedarse con 5.000 hectáreas, para terminar vendiendo todo.

En 1988 la propiedad es comprada por la familia uruguaya Terra y en 1992 traen maquinas nuevas, suman otras 50 hectáreas de vid, plantan otras variedades y comienzan a ganar premios internacionales (entre 1990 y 2000).



A partir de la crisis de 2001 entran en dificultades económicas, la hipotecan y termina rematada en 2012, siendo el comprador el grupo argentino Cardón, su actual dueño, que tiene a a la vista un proyecto inmobiliario para el lugar, pero antes debe resolver trabas patrimoniales que lo limitan.





Desde el punto de vista turístico, la visita a la bodega es una buena opción para aquellos que llegan a Colonia. Tanto para quienes disfrutan del vino, que podrán realizar degustaciones acompañadas de comida en el viejo Almacén llamado Casa de Piedra, como para los interesados en apreciar como fue la vida de campo en una antigua estancia que llegó a ser un pueblo en si mismo.




La bodega consta de dos partes; la vieja y la nueva (que tampoco lo es tanto...). Pero sobre ellas, los viñedos y los vinos les hablaremos en la próxima nota.

Fotos tomadas por El Ángel del Vino

Mas info: http://www.loscerrosdesanjuan.com.uy/

miércoles, 15 de marzo de 2017

Una Trattoria en Ventimiglia, por consejo de Mauro Colagreco


Esta es una nota que tenía en la gatera y no terminaba de escribirla, porque si bien llegamos al lugar gracias a una secuencia de actividades relacionadas al vino, la experiencia tuvo sus condimentos por otro lado.

Si seguís este blog quizá hayas leído las notas sobre el viaje realizado a Francia en octubre pasado: Châteauneuf-du-Pape, Vieux Télégraphe, Paz Levinson en Virtus de París y Restaurante Mirazur. En esta última contamos que el mismo Mauro Colagreco al enterarse que seguíamos viaje hacia Ventimiglia llegando allí para el almuerzo, nos recomendó hacerlo en alguno de los dos restaurantes ubicados frente a la puerta del mercado donde están las pescaderías. "Son restaurantes típicos, de comida casera", nos aclaró, y qué mejor cuando uno esta de paseo y no quiere dedicarle tanto tiempo a la comida del mediodía.

Así que seguimos camino para llegar a Ventimiglia (siempre me quedaré con la espina de como hubiese sido ese día si en lugar de seguir nos quedábamos en Mirazur a disfrutar su comida nivel dos estrellas Michelin). Es un pueblo ubicado en el límite con Francia, que en su historia sufrió una continua sucesión de asedios y distintos dominadores: romanos, godos, bizantinos, lombardos, sarracenos, genoveses, napolitanos...

La atracción de los viernes es el mercado popular, en el cual además de innumerables productos como ropa, calzado, carteras, etc., algunos de dudoso origen (es notable como solo con cruzar de un país a otro se relajan los controles y cambian los estilos de vida), tiene un sector donde pequeños granjeros venden sus productos. Se pueden encontrar especialidades de toda Italia -embutidos de Calabria, queso parmesano, aceite de oliva- y también productos locales como los tomates secados al sol y salsa pesto de fabricación casera. Se complementa con el mercado municipal cercano -que abre todos los días- y ofrece buena oferta de comestibles y flores.  

Pero claro, pasado el mediodía, teníamos que dar un respiro a las piernas y al estómago, así que decidimos ir a almorzar. Y de los dos restaurantes recomendados elegimos -porque sí- "La Trattoria dei Pani". Allí tuvimos una sencilla experiencia, pero de esas que -por su calidez- no se olvidan.



Estando en una ciudad frente al mar y frente al mercado y las pescaderías, era imposible errar si pedíamos frutos de mar, así que comenzamos con una entrada en la cual el pulpo estaba perfectamente cocinado dejando resaltar su sabor frente a una suave salsa de tomate.



Para beber, pedimos un sencillo blanco de la casa, una "caraffa" de Bianco de medio litro para compartir y que combinó perfectamente también con el plato principal. Era necesario cuidar el consumo de vino porque luego debíamos conducir de regreso hasta Niza. Así que seguimos las pautas del consumo responsable... hasta que la magia del vino -esa que te hace encontrar o hacer amigos en todos lados- entró en escena.

Al pedir la cuenta, en lugar de venir el mozo que nos atendía, se acercó una señora, que gentilmente consultó cómo la habíamos pasado. Le dije que muy bien, y que tenía una historia para contarle. Le expliqué de mi afición al vino, del blog, de nuestra la visita a Mirazur hacía apenas un par de horas y que habíamos llegado allí por consejo de su Chef, nuestro compatriota Mauro Colagreco. Resulta que éste no solo es conocido por su famoso restaurante sino porque además conduce en Italia uno de los programas de cocina de mayor rating (al estilo de Master Chef). 

Ivana Belvedere -que resultó ser la dueña de la Trattoria- no salía de su asombro, y estaba tan contenta que al minuto regresó con un vino entre sus manos. "Si escribe de vinos no pueden irse sin probar el mejor vino de la zona", dijo, descorchando un Rossese di Dolceaqua Superiore 2014 DOC. 



Se sentó con nosotros en la mesa y lo degustamos juntos -un poquito- mientras nos contaba que el vino proviene de un antiguo pueblito llamado Dolceaqua, que valía la pena visitar (lo hicimos y era cierto). Luego con gran orgullo nos dijo que su joven hijo era Chef, que había hecho pasantías en algunos de los mejores restaurantes de París y que tenía muchas esperanzas de que pudiera trabajar junto a Mauro Colagreco... Claro, que mejor para una madre que tenerlo cerca, ojalá Mauro de casualidad lea esto y le dé una oportunidad!

Les dije que esta era una historia que no tenía al vino como protagonista sino como nexo. Es asombroso cómo una cosa lleva a la otra: escribir de vinos, viajar a Francia, ir a cenar al restaurante de la mejor sommelier argentina en París, conocer allí un Chef argentino que trabajo en Mirazur y te aconseja ir a conocer el mercadillo de Ventimiglia, pasar por Mirazur, tener la suerte de encontrar a Colagreco y que te sugiera donde ir a almorzar en ese pueblo, para terminar degustando un Rossese italiano invitado por la dueña de casa... que a su vez sueña con que su hijo trabaje en Mirazur. Paradojas de la vida y experiencia elípticas con un mismo nexo: el vino.

Para finalizar les dejo esta foto tomada en Ventimiglia, que tiene un graffitti que de alguna manera sintetiza la historia: "las cosas mas bellas son aquellas inesperadas".

Graffiti en las calles de Ventimiglia
Fotos tomadas por El Ángel del Vino.

Mas info: https://chitchatbabel.wordpress.com/2011/09/22/conheca-o-mercado-publico-de-ventimiglia/

martes, 14 de marzo de 2017

Piattelli Vineyards, una bodega que crece cada día


En mi último viaje a Cafayate pude visitar por segunda vez Bodega Piattelli. Decir bodega es poco porque si bien lo es, y además es una de las más modernas e imponentes del lugar, sus atractivos se extienden más allá de los vinos gracias a la posibilidad de almorzar o cenar en su restaurante y participar de espectáculos artísticos con vistas imponentes a los viñedos y los cerros.

Casi podemos decir que la visita a Piattelli es un "must" en Cafayate, una buena manera de conjugar recreación, buena gastronomía y excelentes vinos.

La recreación comienza apenas se encara el viaje camino hacia el lugar, subiendo hacia Yacochuya por un camino de tierra -en buen estado- que permite avistar viñedos e imponentes paisajes. Al llegar sorprende una entrada muy cuidada, con vigilancia siempre muy estricta para franquear el acceso, por lo que se recomienda reservar.

El edificio aparece con sus líneas mediterráneas, rodeado de jardines, canales de agua y hasta una pequeña cascada -artificial- sobre piedras que da una sensación refrescante bajo el abrasador sol cafayateño.


La recepción es amplia y cuenta con una tienda de souvenirs que puede ser muy útil para llevar un recuerdo a casa o regalos al regreso. Allí nos encontramos con Jimena Gianola -Gerente de Hospitalidad- con quien coordinamos la visita a la bodega y la reserva en restaurante. Todo parecería trasplantado desde California sino fuera porque sobre las mesas hay vino salteño de pura cepa, un vino que se produce con las uvas de los viñedos que rodean el lugar. No es inusual que los fines de semana haya además algún evento o espectáculo musical en los patios de la bodega.



Piattelli pertenece el norteamericano Jon Malinski, exitoso emprendedor de Minessotta, que se enamoró de los vinos argentinos en un viaje realizado en 2002 y no paró hasta poseer dos bodegas: una en Mendoza y otra en Cafayate y luego creo su propia importadora y distribuidora de bebidas en USA para venderlos. 




La visita a la impecable bodega permite recorrer la amplia sala de tanques de acero inoxidable hasta llegar al subsuelo donde hay una imponente sala de barricas semicircular que alberga decenas de cubas de roble.

Viendo la magnitud de la inversión, la pregunta surge sola, ¿la bodega da ganancias? La respuesta: "se logró armar una estructura administrativa y comercial que funciona y pone en valor la gran inversión, lo que a su vez permite mejorar los vinos".




Allí nos recibió el enólogo, Alejandro Nesman, quien dio paso a una completa degustacion de vinos extraídos directamente desde los tanques de acero y nos contó detalles sobre la bodega: "Hoy buscamos ampliar el portfolio, sacar lotes especiales, partidas limitadas. Aumentamos cien mil litros de capacidad instalada este año, agregamos diez huevos de cemento, porque las maceraciones salen excelentes, permiten diferenciar los lotes".

Tienen noventa hectáreas plantadas en Cafayate y treinta más en Mendoza (donde además compran uva). "Es la única bodega que teniendo dos bodegas, una en Cafayate y otra en Mendoza, mantiene el mismo esquema de etiquetas", dice Alejandro dando paso a la degustación de los vinos.


Comenzamos con el Torrontés 2016 Reserve. "Buscamos un tipo de Torrontés que sea "grapy", que tenga el gusto de la uva... perfumado, de boca moderna, con buena acidez, sin amargor. Tiene un 2 a 3 % fermentado en barrica que levanta la nariz (aromas) y le da más volumen. Prensamos y mandamos mosto flor y mosto prensa (sin separar) todo junto al toque para ganar boca. Corregimos acidez de 3.3 o 3.4 para bajar amargor y darles vida. Para ello se usa ácido tartárico extraído de la misma uva. Hay críticos extranjeros que desaprueban la corrección de acidez diciendo que se pierde terruño, pero no olvidemos que ya en Francia se agregaba azúcar (proceso llamado chaptalización) y que acá el clima es muy cálido y por eso es necesario. Se vendieron 40.000 botellas de este Torrontés a Suecia".


Luego fuimos recorriendo otros tanques y catamos un Malbec Gran Reserva 2015, concentrado, mermelado. "Acoplar la madera donde tiene que estar, boca media, textura a tiza. Se vende mucho en USA y en Inglaterra"; el Cabernet Sauvignon Reserva 2016, "destaca el pimiento asado, pero buscando el pimiento rojo, que sea suave. Esta más expresivo en boca". Muy frutado y gran ejemplar de esta cepa que parece estar muy comoda en Cafayate. El Malbec 2016 de la finca de Animaná nos entrega una nariz profunda, dulce. "En esos suelos hay caliza activa (carbonato de calcio)", cuenta el enólogo.

Luego probamos el Cabernet Franc, de uvas de Cafayate, "de un suelo esquelético. Hay pocos Francs excelentes pero son un gran aporte para los blends" aclara Alejandro y luego un Ancellota de la parte más alta de Animaná. Si esta cepa se distingue por la potencia de color imaginense en Salta: negro, negro.

Finalizamos con el Malbec que forma parte de Arlene 2014 (cuyo nombre rinde homenaje a la mujer del dueño). "60 / 70% fermentado en barrica (30 a 40% de primer uso); donde pasa 15 meses más y luego va al tanque. Es oscuro, apretado, jugoso, fino, con textura. Sale a la venta en diciembre de 2017 luego de pasar un  año en botella. "Tiene maceración carbónica (saturación con dióxido de carbono) que da bombón ingles".

"Los vinos de Cafayate se terminan de entender al finalizar de tragar, ya que la nariz es muy apretada" aconseja Nesman, para cerrar: "Todos los años los vinos los vas haciendo crecer, miras para atrás".

Luego de haber visitado dos años seguidos la bodega y catado sus vinos, no puedo mas que estar de acuerdo, Piattelli Vineyards es una bodega que crece cada día.

Fotos tomadas por El Ángel del Vino

Mas info: http://www.piattellivineyards.com/copy-of-home

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