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miércoles, 2 de agosto de 2017

El argentino... ¿sabe de vinos? #MiPrimeraVez


Desde que Argentina Wine Blogger propuso escribir esta movida, acerca de nuestra primera vez en el mundo del vino, tuve claro cuál sería mi experiencia a contar. A medida que se publicaban las notas de mis colegas iba sorprendiéndome por cómo cada uno orientaba sus anécdotas o vivencias y advertí que, al ser el mundo del vino tan amplio y tan rico; en realidad cualquier enófilo tiene innumerables “primeras veces” en relación al vino. 

Para algunos es remontarse a la niñez y recordar cuando su padre o su abuelo le ofreció su primer “sodeadito” (vino con soda), para otros la primera cata formal de vinos a la que fueron invitados, los primeros vinos “importantes” que degustaron, la primera vez en una bodega o en un viñedo…

Casi todas esas experiencias sucedieron en mi vida de enófilo, pero la historia que voy a contarles es, en realidad, aquella que de alguna manera me impulsó -varios años después- a hacer que vos en este mismo instante estés leyendo esta historia: a llegar a convertirme en un “wine-writer”.

En junio de 2009 fui invitado a viajar a San Pablo, Brasil, para asistir a una Feria Comercial de mi actividad profesional (no relacionada con el vino). Un proveedor de la empresa para la cual trabajaba me invitó a formar parte de un contingente de clientes de todo el mundo que visitarían la fábrica y luego asistirían a una feria comercial en la cual dicha empresa presentaba un importante stand, para lo cual habían hecho una fuerte inversión publicitaria.

Esa tarde, luego de recorrer la impresionante (¡a mais grande do mundo!) sucesión de stands de productos técnicos, a la noche nos trasladamos a un conocido restaurante italiano de San Pablo.



En la mesa, en un interesante encuentro multicultural, nos reunimos algunos sudamericanos: brasileños, uruguayo, venezolano, colombiano y yo (argentino) además de tres hindúes, dos indonesios y un sudafricano.

El anfitrión (dueño de la empresa organizadora) luego de ver el consenso en la mesa para ordenar pastas -y no pizza- recibió del mozo la carta de vinos que, para mi sorpresa, era más gruesa que la propia carta de comidas.

Resultó que el hombre era abstemio y no tenía idea de vinos, así que luego de hojearla unos segundos alzó la vista, me miró y dijo: "vos sos argentino, ¡vos sabes de vinos!" Y me la entregó.

Mi sorpresa fue grande. Yo nunca había hablado antes con esta persona. No me conocía… y solamente por el hecho de ser argentino ¡daba por sentado que yo sabría elegir el vino! La verdad que tener la oportunidad de elegir los vinos de una carta semejante- los había de todas partes del mundo, clasificados por países y regiones- me puso contento.

La mesa me miraba con atención y recuerdo que el primer vino que pedí fue un Syrah australiano que pensé maridaría bien con las pastas y sus salsas.

El ritual del descorche y la prueba del vino inició una conversación en la cual toda la mesa me hizo centro de atención y empezaron a hacerme preguntas sobre vinos.

¿Por qué elegiste este vino?, ¿Por qué no otro?, ¿Por qué un vino puede valer 10 dólares y otro 500?, ¿Se justifica?, ¿Cómo se hace el vino?, ¿Cuánto tiene de alcohol?, ¿Cuándo se decanta?... Y así fueron bombardeándome a preguntas hasta que, cuando vi que mi plato permanecía intacto y ellos ya casi habían terminado de comer los suyos, decidí poner fin al “interrogatorio”.

Esa noche, en la cama del hotel antes de dormirme no podía dejar de pensar en lo que me había sucedido. En esa época yo era un simple enófilo, que disfrutaba de tomar vinos (incluso bastante ocasionalmente, los fines de semana) pero en absoluto un “conocedor”. Tengo que reconocer que el vino -como tema- me atraía, ya que las columnas de Miguel Brascó (y luego las de Marina Beltrame) eran las primeras que buscaba leer en la revista de La Nación de los domingos. Pero nunca había estudiado y ni siquiera me había comprado aún un libro de vinos.

Por eso esa noche quedó grabada como un hito en mi vida. Sin haber estudiado nunca, y solo con la curiosidad natural de un lector, había sido capaz de contestar dignamente, durante más de media hora, un sin fin de preguntas por parte de un panel de neófitos en el tema.

El anfitrión había tenido razón. El argentino “sabía” de vinos... y ni siquiera se había dado cuenta de ello antes… Por eso aún hoy, algo en mí se rebela cuando escucho decir que pertenecemos al “nuevo mundo” vitivinícola. Si yo había podido contestar esa noche era porque nuestro país tiene una cultura y una tradición que hace que, aún sin darnos cuenta, muchos de nosotros sepamos de vinos, en forma natural.

Esa fue #MiPrimeraVez. La primera que me dí cuenta que sabía bastante de vinos y fue el disparador de mucho de lo que llegó después: mi primer grupo internacional de vinos recomendando por mail vinos argentinos a los mismos brasileros y colombianos que habían estado en la cena, mi primera nota -escrita para adornar un newsletter de un tema distinto del vino- mi primera visita a Cafayate, y así… hasta llegar a este blog y al grupo Argentina Wine Bloggers.

Desde entonces han pasado muchos años y hoy sé que el mundo del vino es inabarcable. He leído muchos libros, asistido a decenas de ferias y eventos de vinos, catado miles de etiquetas, entrevistado a enólogos y propietarios de bodegas… Incluso, la pasión por el vino me ha llevado a visitar sitios que jamás pensé conocería como Napa Valley o Châteauneuf-du-Pape.



Pero aun así, pese a haber aumentado mi conocimiento exponencialmente, al mismo tiempo soy mucho más consciente de la cantidad de cosas que aun “no sé” sobre vinos.

Punto de partida para mantener la humildad y no dejar que el hecho que este blog sea visitado cada día por cientos de personas que lo consultan me haga perder de vista que, en y con el vino, siempre se aprende.

Y por eso mismo, estoy esperando con grandes expectativas cual será mi próxima "primera vez" en torno al mundo del vino.


***

En ésta página de Argentina Wine Bloggers podes acceder a #MiPrimeraVez de los otros Blogs del grupo.





6 comentarios:

  1. Qué bueno descubrir que tenés un conocimiento y lo podés compartir. Es sumamente gratificante saber que lo que transmitís en una charla, un tweet, o una nota en el blog, al menos a una persona le sirvió para sacarse una duda, aprender, interiorizarse y meterse mas a fondo en este mundo.
    Celebro tu primera vez como "wine-writer" y confieso que me intraga ver la carta de vinos de ese restó italiano en Brasil.
    Abrazo!!!

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  2. Si, nos encanta compartir lo que aprendemos y tambien que nos comenten lo que les parecen las notas, muchas gracias Esteban!!

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  3. Además del conocimiento, es fundamental poder compartirlo y saber transmitir a los demás lo que uno va incorporando. Y en tu caso, Ángel, eso se da de forma natural. Siempre es un placer leerte y disfrutar, en tus posts, de la pasión que nos une. Por muchas más primeras veces comopartidas! Cheers! ;)

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    1. Gracias Diego por el elogio, es un placer compartir un grupo de blogueros unidos por esta pasión del vino. Y tambien muy cierto que ello nos lleva a compartir nuevas ocasiones en torno al mismo.

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  4. Muy buena anécdota. Es fantástico darse cuenta de imprevisto lo que uno sabe sobre un tema. Ahora que sabés mucho más, seguramente pensarás cuanto falta por aprender. No termina nunca, eso es lo bueno de este mundo. Abrazo

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  5. Ángel, qué linda historia. Es verdad que en este mundillo del vino uno se encuentra con varias primeras veces y eso es lo lindo. Adhiero al comentario de Esteban y Diego respecto a tu pasión por transmitir conocimiento. Salú!

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